Soy Leyenda: vampiros y etnocentrismo

En Soy Leyenda, Robert Neville es el último hombre de la tierra y, a diferencia de Will Smith, es un sujeto normal. El libro de terror/ciencia ficción escrito por Richard Matheson en 1954 es completamente distinto de su última adaptación a los cines, realizada en 2007.

Mientras que Will Smith se pasea por la ciudad con su perro y tiene un relativo control de la situación, Robert Neville limita su vida, básicamente, a reforzar las defensas de su casa y a tratar de mantenerse físicamente y psicológicamente en el libro Soy Leyenda.

Las criaturas no son monstruos de computación gráfica, semejantes a zombies dotados de gran fuerza, sino vampiros semi-racionales, con ciertas características clásicas de Bram Stoker: el miedo a la cruz, la repulsión al ajo y la imposibilidad de tener contacto con la luz del sol.

La obra de Richard Matheson, Soy Leyenda, es más acerca de un hombre -el último hombre – luchando contra la soledad y sus impulsos mentales, que un triller de acción y matanzas vampíricas. A pesar de que esto también sucede.

El triunfo del autor en implantar la sensación de terror no está en las descripciones de los vampiros, sino en la lucha interna del personaje. Por ser un sujeto común, Neville presenta necesidades de un hombre común y corriente, que refleja los pensamientos típicos de un ciudadano medio estadounidense.

Su frustración sexual, el miedo a volverse loco, su esperanza pesimista y su curiosidad en descubrir qué es lo que sucede en el mundo, conforman el centro de la trama.

De ahí saca los elementos de ciencia ficción de la obra, el “vampirismo” tiene explicaciones científicas descubiertas por el personaje, haciendo que todo el entorno post-apocalíptico sea más plausible y de miedo; dando a Neville un propósito en negarse a renunciar.

La obra de Matheson, Soy Leyenda, a pesar de corta y relativamente sencilla, es profunda y permite diversas interpretaciones y reflexiones. Por ejemplo:

El miedo al otro en Soy Leyenda

Durante el día Neville se aventura por las calles solitarias de la ciudad, a la caza de vampiros que están dormidos, recopilando materiales útiles y buscando suplementos, además de albergar la pequeña esperanza de encontrar a otro ser humano como él.

Durante la noche, se refugia en su casa, escucha música, lee, ve películas y trata de distraerse de la horda de vampiros que se agrupan en la puerta de su casa y gritan su nombre, invitándolo a salir. Neville, por alguna razón que él mismo desconoce, es inmune a los estragos. Aun así, a veces, piensa en salir, renunciar a sí mismo y servir de comida a sus antiguos vecinos y ahora vampiros.

Lo que le mantiene vivo es la esperanza de sus estudios, la perspectiva de, tal vez, encontrar una cura para la enfermedad y restaurar a la humanidad. Allí en su casa, fortificada como un bunker, conserva el mayor de todos los dones que podría dar al mundo: la humanidad.

En este punto podemos pensar, ¿qué sería la “humanidad” después de todo?, ¿qué nos caracteriza como humanos? ¿qué, en realidad, nos distingue de los demás animales? Después de todo, según se muestra en la obra:

“a no ser por los efectos de alguna calamidad que él no entendía completamente, aquellas personas eran lo mismo que él”.

Fotograma de Soy Leyenda
Fotograma de Soy Leyenda

Vampirismo en Soy Leyenda

Así mismo, Neville les temía a aquellas criaturas y mantenía la esperanza de revertir el vampirismo. Este miedo – exceptuando el obvio riesgo de volverse comida para vampiros – no es exclusivo de Neville y sí un reflejo de nuestra sociedad, muy bien internalizada en los valores expuestos por el personaje. El miedo de otros grupos sociales, a otras personas que se diferencian de nosotros.

Tal miedo actuaría en el comportamiento denominado por la ciencia humana como etnocentrismo. Etnocéntrica es aquella persona que considera su grupo étnico – en otras palabras, su cultura – como el centro de la humanidad, la única perspectiva posible y la única visión correcta.

El etnocentrismo es básicamente la creencia de que su cultura es la única posible y todas las variantes son, de este modo, “equivocadas”, “falsas” o “inferiores”. Un comportamiento etnocéntrico supone, de este modo, el miedo al otro, el miedo a tratar de mirar el mundo desde el punto de vista de otra cultura, otro pueblo.

Pues, si entendemos que el otro también puede estar en lo correcto o, al menos, tener la legitimidad en creer en algo diferente, automáticamente nuestras verdades se vuelven “posibilidades”.

Imponer que la visión del otro es errónea, es un modo cómodo de poner nuestra propia visión como “correcta”, nos ahorramos de preguntar sobre lo que hacemos. ¿Será que nuestro modo de actuar es el correcto? ¿Será que nuestros estándares son los únicos posibles?

Al negar la versión del otro, se refuerza la nuestra, por simple imposición, ahorrándonos los cuestionamientos a costa del descenso del otro.

Muchas otras obras de ciencia ficción también han abordado esta reflexión. La película “Distrito 9”, “ET” y el libro “El Planeta de los Simios”, así como sus adaptaciones, son buenos ejemplos. Pero lo que sobresale del libro de Richard Matheson es su desenlace.

Neville finalmente se encuentra con otra humana vagando por la tierra. Pero, como acaba descubriendo, ella forma parte de un grupo de personas que han aprendido a controlar el vampirismo, hasta el punto de hacer posible una organización social.

Desde el punto de vista de este grupo de personas, Neville era una amenaza, un genocida de vampiros y el resquicio de una sociedad decadente y atrasada. Una percepción muy cercana a lo que el propio Neville mantenía de los vampiros que le venían a molestar por las noches.

Por ser una amenaza, Neville tiene que ser sacrificado y es en este momento que se da cuenta de que se convertirá, de hecho, en una leyenda entre esta nueva sociedad y una cultura que se levanta – y de ahí el sentido del título del libro.

Póster de Soy Leyenda
Póster de Soy Leyenda

Es interesante darse cuenta de que la casa de Neville nunca fue el refugio de la sociedad y de la humanidad, por el contrario. Al mantenerse aislado en su casa, Neville no estaba alejado de la naturaleza de los vampiros, sino aislándose de una nueva sociedad.

Su casa no lo mantenía “inside”, sino “outside”, un forastero, un extranjero en la visión de los vampiros. Vampiros que, así como él mismo, reproducían un pensamiento etnocéntrico de la antigua sociedad de la que un día formaron parte.

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